Los guardo donde los dejaron. Tengo miedo de que un día, al abrir los cofres que solo yo veo, sus olores ya no estén. Que lo que me quedaba de ellos, lo más suyo que queda en la Tierra, se haya disipado… Atesorar su olor es olerlos y, si los huelo, están. Son varias los olores encerrados en las cápsulas del tiempo que lo desafían… Alguna cumplirá una década pronto. A pesar de lo imperceptible de su olor, está ahí. Tan único que solo puede ser suyo, aunque vengan del más allá. Tengo tanto miedo a perderlos como si los volviera a perder. Su olor me abraza