Volver a casa

Quiero volver a casa. Desde hace mucho sé que hay una presencia que me espía. Cree que no lo sé, y me ha echado de mi casa. Construí esta casa. La he hecho crecer a trompicones. Ha crecido. Me esforcé mucho en levantarla. Pago por ella. Lo hago fielmente cada año porque es mi casa. Doce años. Hay muros de los que me arrepiento y paredes que me enorgullecen. Es un reflejo de lo que fui y de lo que voy viniendo a ser, pero no me explica. No soy yo. Es mi ficción. Es mi puta casa. Cree que no lo sé. ¡Cree que no lo sé! Piensa que soy tan estúpida como para desnudarme en mi casa sin saber quién está mirando. En mi casa. No me importaba quién mirara hasta que descubrí que se asomaba con locura. Cree que no conozco la locura. ¡Que no la conozco! Cree. Cree que no sé que entra en mi casa como si con entrar consiguiera estar más cerca de mí. Y lo único que consigue es alejarme de mi casa. Porque no se entera de que jamás estuvo apenas a dos mil kilómetros cerca de mí. No me cuesta nada hacerme otra casa, pero reconozco que me jode. Lo he hablado. Pretendía echar al intruso de mi casa. Amigos, familia, compañeros de trabajo, los de la empresa del hosting, la Policía…, todos me dicen que lo más fácil es hacerme una nueva. Hay que joderse. Me tengo que ir de mi puta casa para hacerme otra que no sepa encontrar. La puedo hacer como hice esta. No es difícil. El problema es otro. El problema es que me jode que me tenga que ir yo de mi casa. Cree que no sé lo que le pasa. Como si nunca hubiera tenido que aceptar que lo que deseo no va a ocurrir; que lo que me gustaría que pasara no existe… Cree. Quiero volver a mi casa y saber que no hay nadie allí. Que nadie va a intentar entrar como si con ello se hicieran realidad fantasías tan lejanas a la realidad que se ubican en dimensiones cuya magnitud no se puede representar. No he hecho nada para quedarme sin mi casa. Esa casa donde podía hacer lo que me apeteciera. Me sentía libre. Sin importarme lo más mínimo que alguien se pajeara con mis palabras. Porque a nadie le importaban y a mí mucho menos me importaba soltarlas nada más entrar en ella. Porque era mía. Era mía. Era mía. Porque la he construido yo, y no me gusta que me vean ojos que no quieren ver lo que hay en frente. Era mía. Solo ven su puta mierda. No he hecho nada para quedarme sin ella. Cree que no sé que necesita entrar en mi casa para saber algo de mí. Cree que con entrar ya lo sabe. Que me conoce, cree. Qué cosas cree la gente cuando no se le asoma por la cabeza nada que no tenga que ver más que con ellos mismos. Como si el mundo hubiera intervenido solo para joderles precisamente a ellos. Víctimas. Cree que no sé que ha intentado hacerse una casa como la mía. De cartón. Como si me fuera a molestar. Es tan ridículo que solo me asusta. Eso es lo que hacen los verdugos camuflados de víctimas. Como si su casa tuviera que decirme algo. Terror de cartón. Donde hay terror, aunque sea de cartón, no hay respeto. Solo quiero volver mi casa. No quiero saber tus penas. No me las cuentes. Haz el favor. Vete de mi casa y no vuelvas.

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