Negra blanca, Corazón negro

Llevo una temporada pensando en lo mucho que me gustaría ser negra. Y la verdad es que es un asco, porque hablando de pretensiones raciales, mi anhelo más profundo es en sí mismo una auténtica frustración. Quiero decir que uno puede querer tener un coche, tener dinero y más dinero, cambiar la forma de su culo e incluso cambiar de vida y tener aspiraciones de llegar a realizar sus sueños (aunque no lo consiga nunca). La frustración en estos casos viene cuando uno valora que no ha podido o no ha hecho algo por lo que sea. La culpa la tiene el mundo o uno mismo, dependiendo de la personalidad de cada uno. Sin embargo, querer cambiar de raza, como digo, es un asco. Porque ya sabes de antemano que es absolutamente imposible y por supuesto, la frustración viene de serie. No hay que esperar a que mis deseos terminen por desviarse. Ya están desviados de antemano y no necesito que pase el tiempo para sentirme frustrada, porque esto, blanca, es lo que soy. Ya estoy frustrada. Fuera verdad o no el deseo del bueno de Michael, es que yo le entiendo. A mí también me gustaría cambiar de raza. No sé si puedo llegar a un nivel de sentirme transrracial (me acabo de inventar la palabra) a la manera en que el transexual se siente atrapado en un sexo que no corresponde con su verdadero sentimiento de género. En fin, la cosa es que no soy negra.

Y envidio… Cómo envidio. Envidio esa piel tersa, esos rasgos, esos cuerpos capaces de contorsionarse de una manera en la que ni el más yogui jamás podrá hacer retorcer sus tendones. Esas voces, esos dientes inmaculadamente blancos… Y es que siendo negra encima te queda bien todo… ¡To-do! Como os digo, una frustración esta la mía… ¡Ay! Y que me decís de las peluquerías negras, con esos millones de accesorios… Y esos tiendas con larguísimos pasillos llenos de postizos…

Claro que no me acabo de imaginarme con mi cara en una versión más afro. Tendría que cambiar la nariz y los labios, eso seguro. A ver, el tema de la nariz no me importa demasiado. Porque mi nariz es un querer y no poder, resultado de una mezcla genética, endogámica en unos niveles que estoy segura de que se escapan de mi conocimiento. Quizás pueda entrever (si lo fuerzo, es verdad) algún toque de exotismo lejano en la genealogía forestal de mi familia, procedente de algún moro converso, posiblemente desgraciado en su elección de quedarse en un sitio donde no lo querían, ingenuo él que seguramente se torturó el resto de su existencia, si no fue torturado por otros, pensando que se había equivocado quedándose y lamentándose de no haber huido cuando tuvo la oportunidad. Amargado el resto de su existencia, este antepasado mío, sin darse cuenta de que si se hubiera ido, habría estado dándole vueltas a que se tenía que haber quedado en aquellas tierras de campos tan espeluznantes, porque probablemente tampoco habría llegado a ser feliz en ese lugar sin rumbo fijo adonde se hubiera dirigido. Bueno, esto es una suposición que me hago yo para darle dramatismo al tema de mis antepasados. Desconozco el nivel de mestizaje de mi sangre. Me imagino que no es muy alto. Y por supuesto, lo que tengo muy presente es que sangre negra, lo que se dice negra, seguro que no tengo, pues buenos son mis ancestros.

Uno de los momentos más críticos de esta crisis (valga la redundancia)  transrracial que padezco, lo viví este verano. De repente me vi inmersa en una black party… Una sala llena de gente que bailaba y cantaba como loca… Joder cómo bailaban… Vestidos con ropas de miles de colores, pañuelos en el pelo, esos sombreros de los ochenta a lo mc, vestidos de todo tipo, peinados imposibles. Me encantó. Y la música me volvía loca, porque era una remezcla de miles de estilos. Incluso, algunos de ellos no los soporto por separado, pero en aquel ambiente me estaba emborrachando de la música y para mí el sentimiento era soul… Quizás esta es una reflexión muy así, un tanto mística, un tanto petarda, pero bueno este es mi blog… La cosa es que me quedé extasiada…

Y entre tanto negro y tanta negra que se movían increíblemente bien, con esos movimientos tan chulos para los que les capacitan sus huesos y sus cuerpos, con esa ropa llena de colores y esos sombreros tan magníficos y los cardados y los recogidos y los gestos y, y, y… Yo me sentí terrible y ridículamente castellana. Es la primera vez que me pasaba algo así en materia de baile. Nunca antes había sido tan consciente de lo rancio de mi raza… Y no es que no bailara, era imposible no dejarte mover por la música. Pero no nos vamos a engañar, es biológicamente imposible para mí y para todos los blancuchos pertenecientes a esta descolorida raza nuestra, hacer lo que hacen ellos y que quede igual de bien. Es como si te pones a hacer pliés al lado del Ballet Ruso. Pues un ridículo total. Que igual hay bailarines profesionales que se acercan a los movimientos después de años de estudios y de talento y esas cosas. Seguro que sí. Pero… ¡¡No queda igual! ¡Que no se engañe nadie! No queda igual. No, no, no. Vamos yo ni lo intenté y eso que estaba algo morena todavía… No queda igual de bien. No.

El tema es que estoy atravesando una crisis profunda de identidad racial y asumo que no tiene solución. Me gustaría ser negra… Y no puedo, por mucho que me pese. Os he  puesto fotos de algunas mujeres a las que me gustaría parecerme en caso de ser negra. Como podéis ver me da igual el formato… Algunas son grandes ídolos para mí. Pero, en general estoy abierta a todas las opciones. En serio. Bueno, a todas no. No me gustaría ser como Michelle Obama, que me parece la barriguita negra de la casa blanca (la gracia es muy mala, pero cierta) ni a Whoopy Goldberg por motivos obvios. Es que la pobre Woopy da una grima…

 

Y bien, pues eso, que yo quiero ser negra. Negra, ahora que tocamos el tema, en el sentido de escribir para otros. Llevo unos días escribiendo sin descanso en la categoría más baja de la profesión y la verdad es que me encanta hacerlo. Vamos a ver, no es que me apasione ni que me realice como persona escribir sobre temas tan poco apasionantes como los cojinetes de las ruedas de los coches, aunque de esta forma aprenda qué son y por qué son tan importantes para la seguridad en la conducción. Pero me gusta que me den un tema y buscar información y redactarla y ordenarla y volver a ordenarla y corregirla y volver a corregirla y darle vueltas a estupideces que encima no puedo comentar con nadie porque me mirarían mal por ser una petarda que se preocupa por si una coma cambia un significado o si esta palabra tiene tal matiz y esta otra no… ¡Es que yo quiero ser negra!… Y lo he intentado, lo juro, pero me faltan recursos y no sé cómo conseguir esos contactos maravillosos o demostrar mi profesionalidad. Porque yo lo haría muy bien.

Quiero decir, no tengo aspiraciones de figurar en ningún sitio, ni crear un texto con un estilo demasiado personal. ¡Qué va! Solo quiero escribir por dinero. Por placer ya lo hago gratis. Disfrutaría con el mero placer de cobrar por escribir. Sabría darle ese aire rimbombante y egocéntrico que tienen aquellos que quieren escribir una autobiografía y no saben hacerlo por ellos mismos. Quizás si eres uno de ellos, estas palabras me estén descartando como candidata. Pero no cierres la página. Lo mejor es contratar a alguien que piense eso de ti. Sabré darle el tono que tú quieras. Me venderé. Hablaré de tus mocedades como si hubieras sido un pionero en algo, en lo que te haga más ilusión, qué más da. Mejor aún, inventaré un movimiento iconoclasta para ti. Convertiré tus mezquindades en hitos históricos. Tus defectos, en virtudes. Y te haré bello aunque nadie pueda soportar tu mirada. Qué más quieres… Escribiré tu Twitter aunque me pagues a céntimo por palabra. Te haré honorable aunque salgas en La Noria. Haz de mí tu negra, ¡por favor! ¡Quiero ser negra! Como el tizón de negra quiero ser…

Después de esta entrada tan incongruente, solo me queda despedirme, no sin antes aprovechar (por si no me da por escribir en estas fechas tan señaladas) para desearos unas navidades blancas y desearme unas navidades negras y un próspero negro año.

Como despedida adjunto este vídeo de The Flirtations que me encanta. Si un día me levanto negra, grabaré una versión del mismo en el monasterio de san pedro cardeña… ¡¡Lo prometo!!

 

 

 

 

Un comentario en “Negra blanca, Corazón negro

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