XII. La toalla (noventa dos casi noventa y tres días)

Siempre había deseado una vida sin ti. Sobre todo sin escucharte. Y cuando se cumplieron mis deseos, primero lo de tu voz y luego lo de sin ti, me di cuenta de que no sabía cómo podía ser la vida sin ti. No sé hasta dónde tendría que deshacer el ovillo para recomponer todas las malas decisiones que he tomado. Probablemente estaríais todos vivos si no las hubiera tomado, pero alguien tenía que tomarlas, me digo, me dicen, me vuelvo a repetir, me repiten… Probablemente no estaríais vivos porque también erais el resultado de vuestras malas decisiones y también de la vida, claro. Aquí me habéis dejado con un vacío lleno de carga que arrastro a diario junto con vuestro recuerdo. Me cuesta recordaros sin culpa.

Era incapaz de imaginar lo que era estar en la casa sin ti. No pensaba que eso fuera a pasar. Sin ti diciéndome que todo lo que hacía estaba mal hecho. Ahora todo lo hago mal y nadie me lo dice. Tendrías que ver cómo está todo. Es como si te escuchara decírmelo, pero no lo haces; es solo que me gustaría que me lo dijeras. Cada centímetro de esta casa está lleno de esas trampas que nos poníamos el uno al otro. Las he puesto todas yo esta vez, menos la toalla. Miento, quedan más tuyas que estoy obviando. La cama, la lavadora, el periódico (menos mal que desapareció…), el bote de suavizante lleno de agua… Todo tú y tus manías. Enarbolada la toalla de la ducha como una bandera, me ha estado mirando desde que llegué, desde que saliste de esta casa, desde que saliste de este mundo… Me miraba. Juro que la he visto mirarme desde hace más de cien días incluso. El otro día dejé que me cayera el agua de la ducha mirándola en señal de respeto. Llegó tu otra hija, la favorita. Me vio dando rodeos extraños para no sentarme en tu silla. Se sentó ella donde ahora por fin estoy sentada yo. Vio la toalla y mis cosas en el baño en un perímetro de respeto alrededor de ella. Cuando se fue de casa, vi que llevaba en una bolsa la toalla. Le pregunté qué iba a hacer con ella sabiendo lo que iba a hacer con ella. La toalla ahora no está. Todavía no he puesto la mía.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Descubre más desde No se moje los pies en el cielo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo