VI. Tu nombre

El otro día quise gritar tu nombre mientras me follaba uno con el mismo esmero que viene poniendo en follarme desde el día en que lo conocí. Lo hace de manera tan aplicada y absurdamente salvaje que me aterra siquiera pasar la mano después donde él ha tocado no vaya a ser que me descoyunte yo solita lo que no haya llegado a descoyuntar esta fiera. Me salía gritar tu nombre, pero me parecía una falta de consideración no gritar el suyo, que bien lo merecía, aunque no se me pasara por la cabeza ni por un momento la idea de hacerlo. Hubiera dado lo que fuera por gritar tu nombre, lo que fuera; sin embargo, juro que no caí, de verdad de la buena, lo juro; no me acordé de dónde venía tu nombre. Solo quería gritarlo. Lo único que llegué a pensar fue que no estaba bien que dijera un nombre distinto al de ese que me estaba follando como un animal. Y luego me pregunté por qué tu nombre, que entonces no lo era, tu nombre, todavía. He tardado tres días en recordar que es tu nombre, se me había olvidado, quizás porque nunca he llegado a gritarlo, tu nombre, solo en mis sueños. El nombre que deseo gritar es tu nombre.

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