Somos LeLaístas, somos humanos

 

Después del éxito de Reflexiones de una LeLaísta, he recibido tantas muestras de cariño y de interés sobre el tema que voy a continuar con este interesantísimo tema. Es mentira, pero de alguna manera tendré que justificar haber tenido que partir una entrada tan larga. Empezaré por pequeños ejemplos cotidianos de LeLaísmo.
Pongamos una frase un tanto romántica y marupatio total
“María dijo a Pepa que quería a Pedro”.
Imagínaos que le pedimos a un burgalés que sustituya los nombres por pronombres. La frase
quedaría de esta forma:
“María la dijo que le quería”.
Y así se queda, más ancho que largo. La solución correcta a este problema planteado sería de la siguiente manera:
“María le dijo que lo quería”.
 
¿Increíble? ¿Verdad? Un burgalés se llevaría las manos a la cabeza y pondría el grito en el cielo. Pero ¿quién le dijo el qué a quién? ¿Qué es lo qué quería? ¿Dónde está Pepa? Es “lo”. No le deis más vueltas. LO, LO, LO.
Parece ser que los que no son unos engendros lelaístas como nosotros llevan inscrito en su código genético el correcto entendimiento de frases similares a esta. Lo ven y lo entienden todo. Nosotros, no. Tenemos que asumirlo, eso sí. Yo no sé cómo se enteran, la verdad. Porque entiendo que si pones un “la dijo”, ya sabes perfectamente a quién se dirigía la petarda de María, que estaba intentando quitarLE (sí, es LE) el pretendiente, marido o vete a saber qué, a la desdichada de turno, o incluso a la Pepa de marras.
No os trauméis, vamos a pensar que el dichoso “la” es una contracción, como si juntáramos el “a ella” en una sola palabra y así nos podemos enterar de una vez por todas a quién diantres se le dijo lo que se le dijo. Somos unos avanzados gramaticales y ya está. No hay razón para que vivamos
acomplejados.
Bien, por otro lado, ese “lo” que nos suena tan raro está de más… Es decir, que el “le” del ejemplo está perfectamente aceptado. Se admite que “le” sustituya complementos indirectos en el caso de ser persona y masculino. Así que no preocuparse. Totalmente aceptado. Sin embargo, que se acepte no quiere decir: “¡Venga! Ancha es Castilla, el ‘le’ nos vale para todo”. No, chicos, no. Aunque nos guste la rumba y el lerelerele, pues no. No, no, no. El “le” no vale para todo. Y ese es la otra vertiente de nuestro mal endémico. Le ponemos “le” a todo lo que se menea.
Continuemos ahora sumergiéndonos en el mundo del laísta.
“María le pidió a Pepa que le pasara el mando de la tele”.
Nativos burgaleses, sustituid si os atrevéis. Quedará algo parecido a esto, ¿verdad?:
“María la pidió que la pasara el mando”.
Ya sabéis la respuesta, ¿no? Las dos son “le”… Vamos que queda así:
“María le pidió que le pasara el mando”.
Increíble, pero cierto.
Hagámoslo más directo.
-“¡María! Pásame el mando de la tele!”.
-“¡María! Pásamele!”.
 
ERROR. Es LO. “PásameLOOOOOOOOOOOOOOOOOO”
¿Lo veis? Nos aceptan. ¡Ja! No nos aceptan, amigos, a nosotros no nos aceptan. Ese “le” no cuela.
En la única faceta de mi vida en la que soy algo metódica, puntualizo algo, es en las revisiones y correcciones de textos. Considero muy importantes las correcciones y debéis saber que lleva mucho tiempo. Llamadme friki pero hay veces que una coma dice mucho y es lo típico que no puedes comentar con nadie, porque te miran como si fueras un bicho raro. No voy a entrar en estas cosas, pero en función del tamaño de lo que se va a corregir, se puede estar días corrigiendo un texto. Parece que nunca está perfecto. Al principio, lo pillo con ganas. Llegar a la corrección puede significar que estés acabando, aunque no signifique que acabes. Si se trata de algo para mí, largo y con argumento, esta fase significa pasarse muchas horas leyendo una y otra vez la misma frase. Invierto tiempo, disciplina y tengo mi propia rutina metodológica que no me voy a poner a explicar para no aburriros. A mi modo de entender, hay varios tipos de correcciones. Normalmente, la primera suele ser ortográfica y gramatical, después de una lectura “rápida” examinando la coherencia del argumento, y aquí empiezan mis problemas de lelaísta. Los “les” salen como setas en buen año micológico. Están en todas partes. Los “las”, no tanto y lo bueno es que son muy visibles, no hay duda con ellos. Alguno se puede escapar de una primera y segunda revisión, pero a la tercera cae. No obstante, los “les” son mi mayor tortura.
Leo una frase y veo un “le”, por ejemplo, “Le miró” de “Juan miró a Pedro” y pienso: “Vale, es un “le”, no deja de ser una palabra. No es tu enemigo. A ver qué hago con este “le”. Repito que la RAE admite “le” cuando es complemento directo, si hablamos de una persona masculina, un hombrecito. Pero qué queréis que os diga, a mí no me gusta que me hagan favores en este tema y digo: “Yo lo voy a poner lo más correcto, pues buena yo soy yo, no necesito misericordias de nadie y menos de
la RAE. Podría pasar con este “le”, pero no. Voy a luchar”.
Vamos con algunas cosillas importantes a tener en cuenta que se me ha olvidado
explicar antes:
-LE, LES: Complemento Indirecto (CI)
-LO, LA, LOS, LAS: Complemento Directo (CD)
Y empiezo con las enseñanzas de mi profe de lengua de 1º de B.U.P. Ella nos dijo que no hiciéramos la típica pregunta que te enseñan en el cole para encontrar el CD: “¿QUÉ COSA?”. No, lo que hay que preguntar es: “LO+PARTICIPIO DE VERBO. Por ejemplo:
-“Pepe come manzanas”. ¿Lo comido?: manzanas.
Complemento Directo (CD)-“Pepe regala manzanas a Pedro”. ¿Lo regalado?: manzanas. CD. ¿A quién? A Pedrito: CI→LE, si hay que sustituir.
Segunda enseñanza de mi profe: Pasar la frase a pasiva y si suena bien es que es CD.
-“Las manzanas son comidas por Pepe”.
El sujeto (paciente) de la frase es el CD. A mí esto ya me empieza a sonar raro, pero admito que tiene sentido. Vamos que la pasiva no siempre suena bien.
-“Las manzanas son regaladas por Pepe a Pedro”. Bueno, también raro, pero vale.
Por ejemplo, si cambiamos “Pepe dijo a Juan que…” “¿Juan fue dicho por Pepe?”, no, no, no…
“Juan” es un CI como una catedral. Aunque no es tan fácil ver catedrales cuando eres de Burgos, qué curioso ¿verdad?
Bien, pues con esto debería estar resuelto, pero no. Porque insisto: soy leísta. Volvamos a mi frase (“Juan miró a Pedro”):
-Pregunto: “¿Lo mirado?”. Respuesta: LE. Conclusión: LE es LO→”Pepe lo miró”. Me suena fatal, pero fatal. No me cuadra que sea “lo”. No puede ser.
-Paso la frase a pasiva: “Él fue mirado por Pepe”. Sentido, lo que se dice sentido tiene, pero la frase es rara. Sigue sin cuadrarme el “lo”.
-Lo paso a femenino y a plural. “Él las miró”. Me cuadra. El “lo” debería encajar porque los pronombres personales para CD son “lo” y “la”. Pero, no sé, me sigue sonando fatal el “lo” en la frase. Y como soy consciente de que a mí el “la” siempre me suena bien, tampoco me vale…
En este punto ya me he vuelto loca con tanto “le”, “lo”, “la”… Como vosotros si habéis llegado a estas alturas. Me voy a la superdidáctica página de la R.A.E. Os pongo el enlace porque si pego aquí lo que dice, la angustia será insoportable…
Solo os digo que si estáis interesados en el tema lo leáis y si estáis interesados en la historia que os estoy contando, abráis el enlace para haceros una idea de qué va…
Empiezo a entrar en crisis después de leer la explicación de la RAE, que ya podrían ser un poco más… Menos… Al final, pongo un “lo”, pero porque decido que la mejor manera es actuar a la inversa de lo que siento. Porque yo siento que es un “le”… En esos momentos ya estoy histérica.
Pongo “lo”, no estoy convencida, pero lo pongo.
Tengo que admitir que lo del “lo miró” ya lo tengo claro. Porque este proceso ya lo he vivido muchas veces con este verbo. Pero claro, me pasa con muchos otros verbos, y siempre que tengo una duda, repito toda esta cadena de consultas. En ocasiones también utilizo el Google a ver lo que sale y después termino por convencerme que siempre es lo contrario de lo que yo pienso. Una vez
he resuelto el problema sigo corrigiendo y en el párrafo siguiente me encuentro otro “le” y entonces chillo: ¡Nooooooooooooooooooooooo! Así que por no volver a empezar, escribo directamente “Pedro miró a Pepe” o la complico un poco en plan: “Pedro posó su vista en Pepe” (bueno, esto es muy petardo, pero es por poner un ejemplo). A veces puedo cambiar tanto la frase para que no aparezca un “le” que cambio la historia por completo. En vez de tener un final triste, como: “Él/Ella lo mato” (me suena fatal por el dichoso “lo”), pues pongo: “Entonces se dieron cuenta de lo enamorados que estaban, a pesar de sus sentimientos encontrados, de las malas palabras, del odio
acumulado durante tantos años. Y se casaron. Pero él/ella no soportaba a su suegra por haberle traído al mundo (¡aaaaah, noooooo!) porque era una petarda de cuidado
”. Fin de la historia, fin de los “les”.
Resumiendo, un horror.
Como os
digo esto me pasa con muchos verbos. Hace dos años corrigiendo, descubrí esto:
Pepe advirtió a Juan de su delicada situación”.
“Pepe lo advirtió de su delicada situación”.
¿No os parece increíble? Porque a mí me lo pareció. Es más, me lo sigue pareciendo. No acabo de creérmelo, no puede ser. ¿Cómo puede ser que “Pepe LO advirtiera”? ¡¡¡¡¿Cómo!!!!? Pues esto es lo que dice la RAE:
“3. Cuando significa ‘poner algo en conocimiento de alguien’, puede construirse de dos modos: a) Advertir [a alguien] de algo: (…) En esta construcción el complemento de persona es directo, pues funciona como sujeto de la pasiva: «Ramiro Chan Tun […] fue advertido de que no podrá volver a bucear» (DYucatán [Méx.] 24.7.96). Por ello, cuando este complemento es un pronombre átono de tercera persona, deben emplearse las formas lo(s), la(s): «Al salir la advertí de que faltaban unos cuantos escalones» (TBallester Filomeno [Esp. 1988])”.
Nota: ¡Qué R.A.E tan exótica! No te pone a Pepe de ejemplo te pone a Ramiro Chan Tun. Todo por hacértelo más fácil. Que digo yo, ejemplos más sencillos se pueden encontrar, digo, no sé, señores académicos. Pero… Si “Pepe advierte a Juan que jamás se lo perdonará”→ “Pepe LE advierte”.
“b) Advertir [algo] a alguien. El objeto de la advertencia se expresa mediante un complemento directo y el complemento de persona es indirecto: «Le advertimos los riesgos a que se exponía» (Valladares Esperanza[Cuba 1985]). Este régimen es el habitual cuando el complemento directo es una oración subordinada introducida por la conjunción que, y especialmente cuando la intención es admonitoria o amenazante: «La abrazó, la llenó de besos y le advirtió que pronto tendría la menstruación» (Allende Casa [Chile 1982]); «Te advierto que esta vez voy a reclamarte hasta el último céntimo» (Salom Vuelo [Esp. 1980]).
4. Cuando advertir significa ‘aconsejar [algo] a alguien’, es transitivo; lo que se aconseja se expresa mediante un complemento directo y, naturalmente, se construye sin preposición; el complemento de persona es indirecto:Le advirtió [= le aconsejó] que no invirtiera en ese negocio
si no quería perder dinero
.”
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Después de estas aclaraciones tan sencillas y visualmente didácticas, resumo:
Si adviertes a Juan de algo→LO adviertes.
Si adviertes a Juan que debería, haga, no haga….→ LE adviertes que….
¿Os lo podéis creer? Yo todavía no acabo de creérmelo. Me parece tan imposible…
En fin, pasemos a otra sección.
6 TRUCOS PARA PARECER NORMAL Y NO UN LELAÍSTA.
1. Si tienes dudas, pon la boca como si fueras a decir “lo” o “la” y di “le” tranquilamente. Esto si te da por el “le”. En los laísmos no funciona, pareces aún más raro que con el “le”. Es mejor parecer leísta que tonto. Eso siempre.
2.
Pasámele → PasámeLO
… (Pero si lo quieres que te pasen es un ejemplar masculino en todos los sentidos que se os ocurran, puedes decir LE con valentía y sin temor a equivocarte. A menos que te equivoques diciendo que te lo pasen.
3. La dije y cualquier cosa parecida→ dilo solo en Burgos y provincia y similares… Para el resto de territorios no laístas, siempre será LE. SIEMPRE.
4. Si alguien te recrimina tu condición, recurre a la siguiente frase: “Es nuestra particularidad lingüística, forma parte de nuestra condición, cultura y patrimonio lingüístico. La culpa la tiene el latín con sus dativos y ablativos confusos.
5. En relación al anterior, no os sintáis acomplejados. Si no lo podéis evitar, hacedlo todavía más
exageradamente. En mi humilde opinión, creo que eso no es posible, pero probad.
6. Si de tanto ensayar, de repente os levantáis un día y estáis curados de lo vuestro, al lelaísmo me refiero, no utilicéis correctamente los pronombres complementos directos e indirectos con vuestros compatriotas. No os entenderán y os repudiarán por pedantes. Hay mucho que avanzar en este sentido como comunidad. La tolerancia es vital. No permitáis que os marginen por hacerlo bien. Es mejor estar integrado con los de tu especie que hablar bien.
Sin más, termino ya. Aprovecho para saludaros a todos, lelaístas o no y me pongo a vuestra disposición como apoyo psicológico para aquellos que viven este drama con gran sufrimiento.
También me gustaría pedir disculpas por hacer una entrada tan rollo, otra vez. ¡Ah! Y agradecer a todos los Pepes, Juanes, Marías, Pepas y Pedros por su colaboración en esta entrada. Gracias, sin vosotros no habría sido posible.

2 comentarios en “Somos LeLaístas, somos humanos

  1. Anónimo

    Me he reído mucho leyéndote y tengo que admitir que últimamente me da por decir "Pásamele", "Quédatele", etc. Y yo nunca lo decía.
    La culpa es mía, claro está!! pero he cogido ese vicio de escuchárselo a otras personas decirlo. Tengo que entrenarme para curarme de ello 🙁

    Saludos.

    Responder
  2. Juncal Lee Autor del post

    Aléjate de esas personas o sino te acabarás convirtiendo en uno de ellos!!!! Aún estás a tiempo… Je, je
    ¿Leíste "Reflexiones de una Lelaísta"?
    http://bit.ly/1cgRCki
    Es una reflexión sobre lo duro que es estar incapacitado para diferenciar el OD del OI… Es horrible!!! Nuestra mente no puede hacerlo, igual que los daltónicos no diferencian los colores. Es muy duro vivir con esto.
    Muchas gracias por leerme y por tu comentario. Me hace mucha ilusión que te haya divertido. :))
    Saludos

    Responder

Deja un comentario