Si me queréis, irse a Amazon y comprarme un aiPoz (mínimo de 32 Gb)

Lo que vais a leer a continuación es una historia de pobreza, mala suerte y sobre todo de desfachatez…

Vuelvo después de unos cuantos meses como ese típico amigo del que desde hace mucho no sabes nada y, de repente, un día te llama para pedirte algo. Bueno, primero te pregunta “¿qué tal?” con un tono absolutamente desinteresado. Así vuelvo yo. ¿Qué tal estáis? Bien, ¿no? ¿Así, así? ¿Tirando? O ¿fenomenal? Voy a ir al grano y a olvidarme de rodeos que soy muy de rodear. Juncal Lee Rodeo me llaman. Quiero un iPod. De 32 Gb como mínimo. Sí, lo quiero, lo necesito, lo añoro…, y como no me lo puedo permitir, me gustaría que alguien me lo regalara. Como el primero y único que he tenido. Hace algunos años, una amiga me regaló un iPod Touch de 8 Gb porque ella no lo quería y mi vida cambió. Desde estas líneas, me gustaría mostrarle mi eterno agradecimiento por ese maravilloso regalo.

Nuestra relación, la de mi iPod y yo, al principio fue bastante tortuosa. El señor iTunes tiene su misterio y no nos sincronizábamos bien. La cosa es que después de muchos quebraderos de cabeza -va en serio-, al final nos hicimos uña y carne, gracias a un programa ajeno, claro, y yo no sabía vivir sin mi iPod. Y el pobre, entre tabaco y golpes, se acostumbró a reproducir la música que necesito para mi alma. Vivimos juntos tiempos muy felices, pero pasó que un día estaba yo en modo “voy a joderme la existencia” y sin que nadie me ayudara, vertí agua sobre mi delicado dispositivo. Y no un poco, no, no. Es más, más que descuidada y temeraria, fui negligente hacia mí misma y sabiendo lo que había hecho, me despreocupé totalmente y permití que mi amado iPod permaneciera en un charco de agua durante unas horas.

Llamadme ingenua, pensé que mi iPod era invencible. El caso es que es inmortal, porque mi iPod es inmortal. Sigue funcionando, pero solo si está conectado a la red. Muy poco útil para lo que venía siendo el uso que hacía de mi querido compañero de tránsito. Siempre conmigo escuchando mis 8 Gb favoritos que ya se me hacían escasos pero que eran mis 8 Gb.

Resultado: me he tirado casi dos meses sin música en movimiento. Para mí esto es muy grave. Escuchar música es vital para sobrevivir. Sobre todo cuando no quieres saber nada de lo que pasa a tu alrededor. Camino por las calles cabizbaja con una pena muy grande en el corazón. Y diréis algo como “yo escucho música en el móvil”. Me alegro por vosotros, yo es que hasta la semana pasada tenía un Samsung Galaxy Ace. No perdón, de hecho tengo dos. Compré mi primer smartphone en una PhoneHouse. No era animal de permanencias. Quería ser libre. Me ofrecieron una promo de un seguro para mi cutresmarphone (entonces, yo no sabía lo cutre que era) de unos 10 euros por tres meses de cobertura en caso de rotura o robo. Conociendo mi condición de paquete, lo contraté y, como era de esperar, no había pasado un mes cuando perdí el teléfono. Situación dramática sin igual. Sin embargo, había una solución. Como el cutresmarphone estaba asegurado, me planté en la comisaría acusando a un desconocido miserable de empujarme y robarme el peor móvil de la historia en un autobús urbano a primera hora de la mañana. La señora agente de policía que me atendió me daba un poco de miedo porque me miraba como sabiendo que estaba cometiendo un fraude, ya sabéis, con esa mirada de incredulidad policial. No obstante, me mantuve firme en mi falso testimonio, a pesar del interrogatorio en el que se me preguntó por todo tipo de detalles acerca del suceso. Superado ese trance, con mi denuncia en mano, conseguí otro zapatófono igual de mierda que el primero. Diez meses después, me llamaron desde la jefatura de policía para comunicarme que habían encontrado mi teléfono “robado”. De esta forma, se puso fin a meses de investigación policial. De cómo perdí una mañana en navidades aprendiendo el metódico, exhaustivo y lento registro que lleva el policía local a cargo de “Objetos perdidos” y toda una tarde para apreciar la fantástica y también lenta eficacia del departamento de “Joyas” (así se llama) os hablaré otro día si tengo tiempo.

El hecho es que la memoria interna de 256 MB de cada uno de mis Samsung Galaxy Ace no me permitía demasiado para estos tiempos modernos que corren. Tenía un par de aplicaciones y a la hora de actualizar el imprescindible Whasapp, la situación se tornaba dramática porque tenía que desinstalarlo y volverlo a instalar y a veces se tomaba su tiempo (en horas) e incluso parecía que nada iba a salir bien en mi vida a partir de ese momento. Por cierto, ¿es necesario actualizarlo cada tres meses, señor Zuckerberg? Porque no aprecio diferencias en ninguna de las nuevas versiones. Bien, llevo año y medio pensando una entrada, o más bien una oda, que se titularía “Cómo sobrevivir a tu Samsung Galaxy Ace”, aunque estoy convencida de que ya nadie lo tiene, porque en las tiendas de los chinos hace tiempo que no había fundas protectoras para este modelo tan fantástico. Resumiendo, que sepáis que no podía hacer las mismas cosas que hacéis vosotros con vuestro smartphone y no me vengáis con lo de usar una tarjeta SD. En serio, no tenéis ni idea, sin ofender. Todo pasa por la memoria interna, todo. Me gustaría romper una lanza por los propietarios de este modelo. Yo os comprendo. Tener un Samsung Galaxy Ace te hace ser más astuto y más austero. No necesitas aplicaciones que jamás podrás usar. Juegas a las cartas (bueno, más bien haces solitarios) y haces sudokus con un boli. No utilizas mapas que no sean de papel, borras tu memoria caché cada dos horas y te acostumbras a no consultar Internet en tu móvil. Te molesta que la gente te mande fotos y vídeos y vives como antes de que aparecieran estos cacharros. Pero se puede vivir. Ahora que tengo otro móvil más avanzado comprendo verdaderamente por qué nadie me ha entendido durante estos dos años. ¿Sabéis que hay una aplicación para Facebook? ¿Y que hay otras aplicaciones como juegos o diccionarios? ¿Y que se pueden hacer selfies sin girar la cámara? Estoy viviendo una revolución en mi vida. Eso sí, siempre con limitaciones. No podría ser de otra forma. Mi actual cacharrosphone tiene su personalidad también. No me avisa de los mensajes cuando está bloqueado, por ejemplo. Lo entiendo, a mí también me pasa cuando estoy bloqueada. En fin, no tengo batería suficiente para escuchar la música que mi alma necesita a diario. No, no. Estoy igual que antes, pero alucinando con la tecnología puntera de hace tres años.

Aquí Juncal Lee Rodeo hablando de tecnología… Llegó un momento en que no pude más. Necesitaba música. Así que haciendo un balance rápido de mi presupuesto para invertir en medios tecnológicos, rápido el balance de necesidad, decidí buscarme un iPod. Enseguida me di cuenta de que la opción segunda mano no me iba a reportar nada bueno. De manera que fui reduciendo las prestaciones de mi futuro iPod así como la calidad del mismo y después de mucho mirar y requetemirar en páginas y páginas de chollos varios, me decanté por eBay y por este súper cacharro que tenía todo lo que yo necesitaba.

Lo que más me convenció del artefacto en cuestión fue Kung Fu Panda. Soy una ferviente admiradora del Guerrero del Dragón, en serio, me gusta mucho. Nada malo podía venir de mi querido Po y tenía una lista de prestaciones el mp4 o mp5, lo que sea el engendro este, que ¡válgame dios! ¡Era lo que yo necesitaba! Pero no penséis que soy tonta y me dejo engañar fácilmente. Comprobé que aceptaban devoluciones así que acepté el pago por PayPal de los 33 euros que me costó esta maravilla de la tecnología asiática y esperé pacientemente su llegada. Cuando el cartero llamó a mi puerta una semana después, di saltos de alegría. No cabía en mí del gozo, por fin podría caminar y escuchar música por la calle. Mi iPod ya estaba en casa. Abrí con mimo el paquete con sello de Singapur y me hicieron gracia tanto sus aplicaciones como sus complementos que ahora os explicaré. Sin embargo, al margen de sus extras, lo que deseaba era escuchar música y me dispuse a llenar mi dispositivo con los 16 Gb que necesito para mantener estables mis nervios. Imposible. Mi ordenador no lo reconocía. Empezó la crisis. Enseguida me planteé devolverlo. Aceptaban devoluciones, eso estaba claro. Si no, no lo hubiera comprado, ¡a mí no me pilla nadie! Sin embargo, mi gozo acabó en un pozo muy hondo cuando leí con atención lo que no había leído cuando efectué la compra. El envío en caso de devolución corría a cargo del comprador, o sea, yo misma. Así es, si quería deshacerme del dispositivo puntero y recuperar mi dinero, tenía que enviar el bicho a Hong Kong. Además, seguí informándome, PayPal solo acepta que las devoluciones se hagan mediante correo certificado. Es decir, me comía el puto mp5 de Po con patatas. Afortunadamente, unas seis horas después, soy insistente, mi ordenador acabó por reconocer a Po, digo yo que por aburrimiento, y pude poner música en mi mPo5. Bien, sabiendo ya la historia, es el momento de relataros todas sus increíbles características.

Empezaré por la presentación. Del fondo de pantalla alpino no tengo mucho que decir. Me da paz. Me gustaría añadir que me sirve para mantener mi nivel de inglés al día, ya que hay vocablos que en esta versión española no han sido traducidos. Digamos que es un English friendly.

Si pincho en “Música”, se me abre un desplegable muy amplio, donde puedo optar por infinidad de posibilidades… Como “Grado”, que es ponerle estrellitas a la canción que quiera. Y sí, “está difundiendo” significa que suena la música ¡yuhu! ¡Ah! y si no sé la escuela del grupo o solista, pues también me la dice.

 

“Dictionary”, muy útil para los viajes de negocios a China o para estudiantes aventajados de chino mandarín y otras variedades lingüísticas que sepan por qué letra empieza “paquete” en chino.

 

Y para cuando me aburra, algo casi imposible con este aparato, puedo leer “mi libro electrónico”.

Pasamos de pantalla, arrastrando fuertemente la misma… “Archivo na…” es para ver los archivos como su nombre indica. El ícono de “Juego” es un ícono trampa. No hay nada si lo aprietas con fuerza.

 

Por fin, la última pantalla, la más molona, la de los juegos clasificados por secciones, ahora os voy a mostrar los más representativos. Desde aquí también se pueden seleccionar tanto el fondo de la pantalla, eligiendo entre una gama amplia de temáticas muy alegres y coloridas, como el año chino en el que estamos. Lo dejo fijo en el año del Dragón porque me gusta mucho, no por ello sin informaros de que estamos en el año del Caballo y mi signo del horóscopo chino es la Cabra.

 

 

El primer día que jugué con el mPo5 lo hice acompañada de mi sobrino al que como a mí le brillaron los ojos cuando lo vio. Este es el primer juego al que jugamos, llamado “Casino devils”. El objetivo consiste en ayudar a Little Sherman a encontrar el utensilio/bicho asqueroso idóneo para ser introducido por la raja del culo (perdonadme por la vulgaridad) de Paul. No se gana nunca. Probamos con todo y siempre le ocurre algo catastrófico al gamberrete. Lo tiene bien merecido.

 

También hay otro en la categoría de “Wrestle” que consiste en noquear (se escribe así que lo he buscado en la RAE) a un señor. A medida que le vas pegando, le vas poniendo la cara morada, le rompes dientes… Sin embargo, nunca se gana.

Después de estos dos juegos tan educativos, encontré uno de “Tom y Jerry”. Mi sobrino empezó a dar golpes a la pantalla para conseguir que Tom ganará a Jerry y yo le reprendía: “no des tan fuerte que es chino y se va a romper” y él sabiamente me respondió: “es que si no doy golpes, no funciona”. Tiene toda la razón. Otra prueba más de que los niños de hoy en día saben más de tecnología que nosotros. La pantalla no es táctil, es impactil.

Por último, os enseño este juego en el que puedes seleccionar a tu jugador. Puedes elegir entre funcionario comunista del régimen Panda con cara de mala leche o el guerrero imperial con cara de mala leche.

 

¿He oído bien? ¿Descargarme aplicaciones? ¿En serio lo preguntáis?

Como habéis podido comprobar, necesito un iPod de verdad. Una vez que has tenido uno, no puedes utilizar otra cosa. No tenerlo es lo mismo que un nublado de tiniebla y pedernal. Aun apreciando las virtudes de mi nuevo dispositivo, que son excepcionales, lo reconozco, creo que es de ley que yo tenga un iPod, de 32 Gb o más ¿vale? 32 Gb. Yo no quiero ni flores, ni dinero, ni palmas. Entonces, sabiendo que las masas me siguen y que todos deseáis mi bienestar, he decidido utilizar este foro, vuestro foro, para pediros que entre todos me compréis un iPod como mínimo de 32 Gb. Teniendo como referente a Lola, nuestra Lola, la Faraona del crowdfunding, pionera como ninguna, precursora de los grandes movimientos que verían la luz en siglos venideros que con aquella frase legendaria de “si una peseta diera cada español…” que pronunció cuando tuvo sus más y sus menos con Hacienda Somos Todos, abrió una senda para todos aquellos que, como yo, necesitan un iPod de 32 Gb como mínimo y no pueden permitírselo. Amigos entre todos podéis. Yes, you can. Un iPod de 32 Gb (o más) no es nada para una comunidad, nada. Unos céntimos o 10 euros, por ejemplo. No me importa el color. Muchas gracias de antemano. ¡Os quiero!

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