Regreso al “dating” futuro

Llevo unos meses bloqueada. Bloqueo de bloguera, para ser más exactos. El bloqueo podría constituir un tema en sí mismo para una entrada o para una enciclopedia. Sin embargo, conozco las causas de este bloqueo que se mueven entre la ‘D’ de ‘depresión’ y la ‘E’ de ‘estrés’. ¡Tranquilos!, no os preocupéis por mí. No os apresuréis, ¡calma!, si estabais ya cogiendo vuestros teléfonos o vuestros vehículos, dejando vuestros trabajos o el banco del parque para venir a ayudarme. No se trata de una ‘D’ de estas de «¡Ay! No encuentro motivos por los que seguir adelante» y una ‘E’ de «Estoy hasta arriba». Me sobran motivos para estar hasta arriba y no tener ninguna razón para no seguir adelante. Vamos, lo que le pasa a todo el mundo… ¡Así que continuemos con el espectáculo! Sin hacer apologías de nada que no quiero ir a la cárcel. Aviso: este contenido no es apto para niños.

Volviendo al tema del bloqueo, como ni las elecciones y los pactos que no son pactos ni la vida cotidiana (noticias mundiales, vídeos de gatos, el caso Nóos…) suponen ser temas que considere lo suficientemente motivadores para escribir una entrada larguísima, he optado por otra solución, incluso más patética. Tengo que escribir una redacción en inglés sobre cómo han cambiado en los últimos 30 años el matrimonio, las citas o dating (pateemos el diccionario de la RAE) y la posición que ocupa la mujer en estos asuntos. Al tener que hacerlo en inglés, no me voy a extender tanto porque, ya sabéis, escribir en inglés es un rollo. Que si no se escribe como se pronuncia –a saber cómo diantres se pronuncia-, que si frases cortas, que si inversión de auxiliar y verbo discreccionalmente, que si las condicionales odiosas, que si la lamb’s mother… Que lo voy a escribir en mi idioma y luego ya si acaso lo meto en el Google Translator a ver qué cosa graciosa sale. Ya habréis comprobado que no estoy descubriendo la pólvora con este método de aprendizaje de idiomas. Teniendo en cuenta, además, que se acercan unas fechas muy significativas para la mujer como el día feminista por excelencia de febrero, San Valentín, o el de la Mujer Trabajadora, qué gracia, pues me viene que ni pintada la dichosa redacción.

Entremos en materia. En los últimos 30 años, el tema de ligar y las citas, que es a lo que se refiere lo del dating, ha cambiado mucho. Bueno, en realidad, no lo sé porque aunque me gustaría decir que yo no existía hace 30 años, resulta que sí que existía pero no andaba con capacidad de raciocinio suficiente como para valorar el asunto. Así que avanzaré mis ideas como si estuviera montada en un Delorean.

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Hace 30 años ponía Adolfo Suárez (sí, sí, el del aeropuerto de Madrid) la primera piedra de la Ley del Divorcio en España y también ponía una losa sobre su cabeza al hacerlo, porque se le echó encima nada más y nada menos que la Santa Madre Iglesia, ¡con buena se había topado en la defensa de la sagrada unión del matrimonio!, bendecida esta con la protección del francomatrimonio por la gracia de Dios durante 50 años, desde que se fusilara la primera legislación en España al respecto que tuvo lugar durante la Segunda República.

Por aquellas épocas, la censura a tijeretazo limpio tuvo que reconvertirse en censura de telefonazo y para satisfacer los impulsos reprimidos de la población masculina deseosa de carnaza y harta de irse a Francia, en el caso de poder hacerlo, se permitió aligerar las vestimentas de las mujeres en los medios, que no habían dejar ver ni un solo centímetro de la piel de sus cuerpos en varias décadas. Así que el erotismo a lo charcutero llenó las pantallas y las rotativas, la libertad de expresión había nacido… de aquella manera.

Así fue cómo el destape y el divorcio se casaron en los ochenta y todo parecía muy innovador porque la mujer ya tenía libertad para enseñar las tetas en la tele y en las revistas y también para divorciarse. Se liberalizó el erotismo a saldo y la democratización de un país reprimido tenía toda la pinta de pasar por una adolescencia rebelde de cortar faldas y de alimentar con doble taza al que había sido un país hambriento en esas lides. Y se estancó en esa adolescencia.

Por contrapartida, ya que uno se podía divorciar, el precio de las bodas fue aumentando porque las celebraciones dejaron de ser tan austeras como en los tiempos de la dictadura, para el populacho me refiero, y empezaron a incrementarse los presupuestos de manera inversamente proporcional a la duración de los enlaces. Por fin, teníamos libertad para ser idiotas. Conclusión, el matrimonio, legalmente, ya no tenía por qué ser para siempre, pero podías endeudarte para siempre y hacer que tus invitados se endeudaran contigo para compartir el momento más feliz de tu vida, porque en el fondo, una boda sigue siendo un hito de felicidad en la vida de una persona, especialmente el de una mujer, porque modernas y de blanco, se siguen casando las novias. ¡Porque quieren, no porque estén obligadas a hacerlo! La democracia y los tiempos modernos liberalizaron los precios de los matrimonios y llenaron los mismos de millones de detalles que nuestros abuelos considerarían “chorradas como un campano”. Vamos, que este dato no creo que venga a cuento, pero es que tenía unas ganas de soltarlo…

Resumiendo, los tiempos cambiaron mientras que los roles se quedaron tal y como estaban antes. Poco a poco, empezaron a florecer las uniones sin matrimonio de por medio, pecadores los consortes, hasta que se institucionalizaron regionalmente las parejas de hecho, sin ningún tipo de derecho legal vinculante en sentido geográfico o patrimonial, con lo que sigue saliendo más a cuenta casarse al igual que es más “provechoso” comprarse una casa que alquilarla, os suena, ¿no?

La progresiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo también sacó a relucir un aspecto muy interesante. Al parecer, las mujeres están capacitadas para hacer varias cosas a la vez, pues que las hagan todas, ¿no? También podía empezar a disfrutar de su independencia sin tener que pedir permiso a su padre o marido, cosa que estaba bastante bien, aunque todavía quedan por ahí algunos retazos sueltos como, por ejemplo, el tema de las gitanas, que qué bien bailan y cantan y eso. Hay que respetar las culturas, oye. Y si es cultural meterles un pañuelo blanco por la vagina para ver si sangran y siguen siendo vírgenes antes de casarse con el gitano de ley que ha elegido su familia ¡olé!, ¡olé! y ¡olé!

Otra cosa muy guay de los tiempos que corren es que la mujer ya no es una ramera pecadora si toma la iniciativa o mantiene relaciones que no estén orientadas al matrimonio y a la procreación. Ahora es una mujer moderna que si quiere (teóricamente), tiene relaciones y si no lo desea, pues (teóricamente) no. Ya sabéis que hay condicionantes como la longitud de las faldas o los velos, y quizás otras razones porque hay libertad de culto y de hostias. Y si no, que lo cuenten los de la manifestación frustrada ultramachista prevista para el sábado pasado. Pero, en el fondo, como bien sabemos todos, no hace falta reconocer que se es ultramachista, porque la mujer sigue siendo una ramera y si llega a una edad y no tiene hijos, algo raro ha pasado. Será lesbiana, que también mucho respeto por la homosexualidad, hay mucha más tolerancia hacia las “bolleras”, como bien sabemos todos, que si lo son es porque no han encontrado el pene adecuado que les dé lo suyo, ¿podría ser el tuyo? Podrás insistir las veces que haga falta, porque, además de lesbianas, seguramente sean sordas. Si una mujer no muestra interés alguno por ti, no puede haber otra explicación: es lesbiana y seguro que tú puedes ayudarle a superarlo, a ser posible en grupos de dos que es mucho más interesante como bien te enseñó el porno. ¡Ah! El mundo del porno también ha cambiado mucho, las actrices porno ahora van a la universidad y muestran una imagen de la mujer mucho más progresista porque lo hacen por propia voluntad y de manera mucho más artística. Que no me quiero meter con la labor educativa del porno, pero el pan es pan y el chorizo, chorizo. Y que la fantasía es fantasía aunque en el mundo siga habiendo gente enferma que confunda fantasía con la realidad fuera de su cama. Y, contra eso, no hay demasiados posgrados universitarios que valgan.

Las redes sociales y la aparición de las aplicaciones de nuestros smartphones –que ya existían hace treinta años gracias al “Inspector Gadget”- han facilitado enormemente la tarea del ligue. Es tan fácil como hacerte un selfie. Si eres chica, con morritos, escote y expresión lascivamente feminista; si eres chico, cachas intelectualmente sensible o intelectual sensiblemente cachas, escribir aquello que consideres que te va a hacer parecer follablemente más interesante, proceder al intercambio de rigor de fotos de partes del cuerpo en diferentes posiciones y ya está. Si no tienes tu intercambio sexual sin compromiso es porque realmente no lo quieres y vives anclado en el pasado. Aunque el clásico momento de emborracharse a ver qué cae sigue vigente, por lo que aprovecho la ocasión para recordaros que os quedan unos meses para las fiestas de vuestro pueblo y que pronto se abrirá la veda. No os perdáis la oportunidad que propicia cualquier cena de empresa, reunión, evento o celebración para intentar descargar vuestros impulsos sexuales. Recordad, la gente no sale para divertirse, sale para follar y Corea del Norte está lanzando misiles, no nos queda mucho tiempo. ¡Apocalipsis sexual! Recordad machos hambrientos: las mujeres están sordas a vuestros encantos, es de ley que insistáis todas las veces que haga falta.

La aparición de feministas new age está muy bien también, porque nos recuerda que son la sociedad, el lenguaje y los medios de comunicación son los responsables del machismo imperante en nuestros días, para nada tienen la culpa los hombres y las mujeres que vivimos en la sociedad y que consumimos lo que se nos cuenta en los medios de comunicación sin ningún espíritu crítico. Que en la tele se vean tetas y piernas sin ningún criterio, ni tan siquiera el del gusto estético, no parece ser un freno para que no se vea la tele; o que en la publicidad sea un recurso reiterado la utilización del cuerpo de la mujer como un reclamo no impide que consumamos esos productos o que nos sumerjamos en la locura de fechas tan especiales como San Valentín, donde se celebra la unión varón protector-hembra romántica, a golpe de tarjeta de crédito y también de horteradas, todo sea dicho.

Si repites tres veces la palabra ‘patriarcado’ delante del espejo, empezarás a ponerle ‘as’ a todo y seguirás comportándote como tu abuela. Quizás tendría más sentido la lucha contra el gilipollarcado que engloba más males a erradicar en nuestro tiempo y lugar. Que preocuparnos por el lenguaje o por cómo se trata a la mujer en los medios de comunicación está muy bien, pero si luego te montas en un Delorean y pones cara de tonta, chica, así no avanzamos.

En cuanto al uso del preservativo para evitar embarazos y ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) aunque ya no es prohibitivo ni pecado (bueno, sobre este tema, no es que Dios se haya posicionado o cambiado de opinión sobre lo que es pecado o no. Generalmente, me voy a referir a los católicos, las personas que se consideran religiosas creen que hay que adaptar la religión a los tiempos modernos y hacen más o menos lo mismo que sus antepasados, es decir, pecar de acuerdo con la moral que han elegido y vivir con su pecado sin asumir lo hipócrita que es someterse a los ritos religiosos sin cuestionarse absolutamente nada más de todo lo cuestionable que puede haber en lo de pertenecer a una secta). Lo que ocurre respecto a este tema es que sigue pasando esto de no apetecer usarlos. Y que, habitualmente, son las mujeres las que lo toleran, para no disgustar. Que si se da la circunstancia dramática de que se produzca un embarazo no deseado, ahora se puede optar por no llevarlo a su fin si el gobierno de tu país estima que es legal y no un pecado mortal; o también vía escopeta si eres de Colorado (donde puedes esperar en la puerta de una clínica en la que se efectúen abortos, con tu cervecita en la mano, y esperar a que un próvida lo haga tan rápido que ni te enteres); o si vives en un país islámico, podrás abortar vía piedra o latigazo.

Y hasta aquí la retrospectiva del dating de la mano de una coetánea de la chica de Neutrex Futura, la mujer del futuro con problemas del pasado.

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