Anna Anderson: una de princesas II

Parece que me estoy acostumbrando a segundas partes… Aquí está la esperadísima continuación de Anna Anderson, una de princesas.

La historia de Anna Anderson es una apasionante historia de farsantes. Sin embargo, lejos de posicionarme en contra, he de decir que su vida es casi más novelesca que la de los propios Romanov. Resulta casi inexplicable cómo ha podido perdurar su fama durante tantos años.

Pero antes de sacar conclusiones, volvamos a 1918, si me permitís este rollo retro que me estoy gastando. Desaparecida la familia real de esa manera tan dramática y habiendo sido silenciadas las circunstancias que rodearon su asesinato, no sin que por ello no se supiera que habían sido ejecutados, no pasó mucho tiempo sin que aparecieran supuestos miembros de la familia real que afirmaran haber escapado milagrosamente de la muerte la madrugada del 17 de julio de 1918. Más concretamente, algunos estudios recogen que 28 personas aseguraron ser la gran Duquesa Olga; 33, Tatiana; 53 María; 33 Anastasia y 81 jovencitos el Zarevich Alexei. Os dejo una lista de los casos más célebres:

http://www.romanov-memorial.com/pretenders.htm

Junto con Anna Anderson, mi otro favorito es Vassili Filatov. Me parece tan tierno… Maestro de pueblo, un hombre culto, nunca reclamó nada, más bien fue su hijo el que empezó a fantasear con sus orígenes aristocráticos.

¡Ay! Y este que me encanta. Según él, sobrevivieron la Zarina Alexandra, Olga, Anastasia y Alexei y su abuela era Anastasia. Vamos, menudos inútiles los bolcheviques. La familia reunida fuera de Rusia vivió en el anonimato. Y para probarlo pone unas fotos buenísimas de todos ellos, contrastándolas con las de sus familiares. Encuentra un parecido indudable. Pone la foto y dice: Es la misma persona. Total, claro que sí. Iguales. Así que el individuo en cuestión es un Romanov en toda regla y promete análisis de ADN en el 2013, así que esperaremos ansiosos los resultados. También afirma que Alexei no era hijo del Zar, sino que era de un amante que tuvo su bisabuela (la Zarina). Claro.

http://www.home.earthlink.net/~alexofdenmark/

Si conocéis la historia o habéis leído la entrada anterior (gracias), habréis deducido que cualquier  relato de supervivencia es de por sí bastante inverosímil. No hace falta tener demasiadas pruebas físicas para comprender que los bolcheviques no iban a dejar ni uno, por muy desastres que fueran en su tarea, que lo fueron. Es verdad que existen casos de personas que han sobrevivido a ejecuciones, pero parece complicado que se lo dejaran a medias. No obstante, en un tiempo donde la ciencia todavía no había conocido el ADN y gracias al hermetismo soviético en cuanto al asunto, resultaba complicado discernir si los impostores eran o no los auténticos Romanov. Además, algunos de los falsos aspirantes gozaron de una amplia cobertura mediática. Por otro lado, había en el ambiente de la postguerra cierta nostalgia de la época imperial y el la desaparición de la familia real había causado gran impacto en Europa y Norteamérica. Avivados todos estos sentimientos por el miedo y el odio hacia el comunismo, creer que los miembros más jóvenes seguían con vida era una hermosa leyenda. La más famosa de todos estos falsos Romanov fue Anna Anderson.

Su historia comienza comienza en Berlín en 1920, donde aparece tras intentar suicidarse arrojándose al Canal Landwehr. Es rescatada e internada en un centro para enfermos mentales. Padece amnesia y es incapaz de decir quién es o facilitar cualquier información sobre algún familiar que pudiera reclamarla. En las exploraciones médicas se observan señales de balas y de golpes. Además, luce una gigantesca cicatriz en forma de estrella en la parte posterior de la cabeza. Se le asigna el apelativo Fräulein Unbekannt  traducible por “Señorita Desconocida”. Pasado un tiempo, en 1922, una enfermera desvela que la paciente le ha confesado que es Anastasia Romanov. Otra paciente afirma que es Tatiana. El deseo de los exiliados rusos por encontrar supervivientes provoca que empiece a recibir insignes visitas. La primera en acudir a comprobarlo fue la baronesa Sophie “Isa” von Buxhoeveden, muy cercana a la Zarina, que la rechazó como Tatiana por ser muy bajita.

Sin embargo, la “Señorita Desconocida” sostiene que es Anastasia. Parece ser que ha recuperado la memoria y difunde su relato. Afirma que consiguió salvar la vida en Ekaterimburgo gracias a dos hermanos de la guardia bolchevique, Alexander y Serge Tchaikovsky, que la sacaron del camión que trasladaba los cadáveres. Huyeron los tres hacia Bucarest y a su llegada Anastasia es la esposa de Alexander y está embarazada. Si bien es cierto, unas veces declaraba que había quedado embarazada durante el viaje. Otras, durante el cautiverio, sin especificar en este caso de quién. El caso es que Alexander acabó muerto en una pelea y ella optó por abandonar al niño en un orfanato. Sola en el mundo, decidió ir a Berlín para pedir ayuda a su tía, hermana de la Zarina, la princesa Irene de Hesse, casada con Henry de Prusia (hijo del Káiser). Pero temiendo que no quisiera aceptarla por haberse casado con un bolchevique y demás hechos indignos, intentó suicidarse, sin éxito.

La historia conmueve a algunos exiliados rusos y afines. De tal manera que termina siendo acogida por el baron von Kleist, que desea ganarse el cariño de los rusos por si el régimen comunista caía. Por poco tiempo, algo no debió ir bien y Anna se marchó. Adopta el apellido Tschaikovsky y empieza a vivir en casas de conocidos, terminando a cargo del inspector de policía Grungberg. Este, con la idea de aclarar la verdad, concierta una cena con la tía Irene en casa del inspector sin decir quién era. Anna no la reconoce e incluso se enfada cuando descubre la artimaña. Irene niega que sea su sobrina. Pero uno de los hijos de Irene, Sigi, le envía por carta unas preguntas que solo su prima puede contestar, ya que hacen referencia a sus cosas de primos y ella responde correctamente a todas. Todos aquellos que la visitan por aquella época tampoco la reconocen como Anastasia. Ni su otra tía, Olga Alexandrovna de la que hablaré después, ni Pierre Gilliard, preceptor suizo de los niños Romanov, ni su esposa Alexandra “Shura” Tegleva, niñera de Anastasia.

Debido a la tuberculosis que padece es ingresada en varios hospitales, donde va recibiendo visitas y más visitas. En 1926, Harriet von Rathlef, una escultora y escritora de cuentos infantiles rusa, la acoge en Suiza, asumiendo los gastos de su recuperación el tío abuelo de Anastasia, el príncipe Valdemar de Dinamarca. Por mediación de la embajada danesa, Anna puede viajar con el pasaporte a nombre de Anastasia Tschaikovsky y los datos de la Romanov. Anna se va moviendo entre Alemania y Suiza durante aquellos años.

Recibe la visita de la hija del médico personal de los Romanov. Este había conocido a Anastasia de niña y pudo hablar en 1917 con la princesa. Su hija reconoce a Anna como Anastasia basándose en sus rasgos físicas y este hecho fue vital para para Anna. Consciente o inconscientemente le enseña a Anna detalles de la familia imperial. Su relato también conmueve a su hermano, Gleb Botkin, otro personaje relevante en toda esta historia. Ya en 1927, el príncipe Valdemar deja de financiarla  a presiones familiares. Sin embargo, enseguida recibe el apoyo del duque duque Jorge de Leuchtenberg, un pariente lejano de Nicolás II que la aloja en el Castillo de Seeon, en los Alpes Bávaros. Mientras el tío Ernst Ludwig, hermano de la Zarina, paga a un detective privado para dar con la verdad. Finalmente, el investigador concluye que probablemente Anna sea una obrera polaca, Franziska Schanzkowska. Para ponerla en evidencia presentaron al hermano de Francisca cerca del castillo a Anna. El encuentro fue extraño y el hermano no aportó nada que pudiera esclarecer nada. Que si sí, que si no… Por aquella época, también la visita príncipe Felix Yussoupov, marido de su prima y participante en el asesinato de Rasputín (Felix era homosexual y había acudido al hechicero con la idea de recibir ayuda para curarse la enfermedad y este que era un poco bisex le había ofrecido más ayuda de la que necesitaba y él estaba dolido, cosas de reprimidos de sangre azul). Tienen una gran disputa y ella le acusa histérica de haber matado a Rasputín. Y después de su encuentro asegura que Yussoupov había intentado asesinarla.

El hermano de Melnik, Gleb Botkin, comienza una campaña publicitaria en favor de la causa de Anna en los EE.UU. La campaña llama la atención de una amiga de la infancia de Anastasia, Xenia Leeds, que termina sufragándola el viaje en 1928 y la acoge en su casa en América. Mientras tanto, Botkin emprende los trámites legales para reclamar las posesiones de Anastasia Romanov en favor de Anna, a través de una corporación que recauda fondos vendiendo anticipadamente esas mismas
propiedades. Anna iba por ahí diciendo que su padre había enviado fondos al extranjero y la polémica empieza a volverse más agria aún. Al parecer, esto produce desavenencias entre la anfitriona y Anna por lo que tuvo que mudarse. Es acogida por el pianista Sergei Rachmaminoff que corre con los gastos de su nuevo domicilio en un hotel. Allí para evitar más escándalos es registrada con el nombre de Anna Anderson, y ya de pasó, se lo quedó. Ese mismo año muere la abuela de Anastasia, la emperatriz María y veinticuatro horas después de su entierro, doce miembros de la familia firman una declaración en Copenhague en la que denuncian a Anna como una impostora. Botkin se la devuelve acusándoles de querer arrebatarle la herencia a Anna. En 1929, Anderson empieza a vivir con Annie B. Jennings Park Avenue. La rica heredera norteamericana estaba encantada de acoger a un miembro aristocrático europeo. Así que Anna ahora es el centro de la jetset neoyorquina. Fiestas y reuniones. El ambiente selecto de la Gran Manzana a sus pies. El problema es que tiene la cabeza un tanto tocada y acaba en un hospital psiquiátrico. Con episodios un tanto violentos además.

Permanece internada un año, y en 1932 vuelve a Alemania, gracias a Jennings que, de nuevo, corre con los gastos de su internamiento en una residencia de ancianos. El viaje a Europa se realiza en condiciones similares a las de un traslado de presidiarios. Pero no pasa nada, otra vez la fama y los círculos más rutilantes europeos. Por otro lado, comienza  el juicio para reconocer su identidad imperial y reclamar las posesiones de la familia. Infinidad de recursos lo dilatan y la reclamación no acaba de cuajar. Es más, fue tan extenso que se convirtió en el juicio civil más largo en la historia de Alemania, de 1938 a 1970. Se propicia otro encuentro con la familia Schanzkowski, en el que es reconocida por la hermana de Franciska como tal. Pero de haberlo firmado en una declaración oficial, los nazis ya se hubieran hecho cargo de ella de otra manera. En 1940, el abogado de la corporación para recaudar fondos muere en la indigencia porque se ha gastado todo sus ahorros en la empresa. Anna permanece en Alemania durante la guerra, tan tranquila y al final de esta, se queda atrapada en la zona soviética. Gracias a la ayuda del príncipe Federico de Sajonia-Altenburg sale de la zona, huyendo a la Alemania Occidental, casi como un reclamo turístico. Le ofrece una casa y continúa siendo noticia. Personajes relacionados con el entorno Romanov se acercan para comprobar si es o no la querida Anastasia. Algunos la aceptan y otros no. Lo de siempre. Mientras tanto, vive rodeada de perros y gatos (unos sesenta). Por problemas de salud en 1968 se la llevan a un hospital y aprovechando su ausencia, el servicio de salud se encarga de su familia animal a la manera de exterminio. Cuando vuelve, Anna no puede soportar la traición que supone la matanza y se va con Botkin a los Estados Unidos, a Charlottesville en Virginia. En esta ocasión, le paga el viaje Jack Manahan, un profesor de historia. Antes de que se le expire el visado se casa con él, que es unos veinte años más joven. Duermen en habitaciones separadas pero ambos están encantados con el matrimonio de conveniencia. El hombre es muy querido en la ciudad, aunque está un poco tocado también. Menudo personaje. Botkin muere y los pleitos terminan sin concluir nada. Anna, ahora Anastasia Manahan, es feliz. Ha encontrado la horma de su zapato. El bueno de Jack es bastante rico, sin embargo, viven en su casa llena de perros, gatos y basura en la más completa miseria. Anna pasea por la ciudad en una especie de silla de ruedas con un carrito lleno de gatos. Formaban una pareja increíble. Excéntricos pero queridos. No demasiado por los vecinos más cercanos, eso sí. A nadie le gusta vivir con la loca de los gatos de los Simpson al lado.

Mirad qué entrañables. Ella posa con una invitación de él a la ceremonia inaugural de la presidencia de Nixon y él con la foto de su yerno, el Zar.

En 1983, se interna a Anna en un asilo y unos días después, Manahan se las arregla para sacarla de allí, vamos, la secuestra. Su huida dura unos tres días. Se declara una alarma policial en trece estados. Nada más y nada menos. Como no podía ser de otra forma, los encuentran. No debían ser muy buenos en esto de ocultarse. Unos meses después, Anna muere de pulmonía en el hospital. Por expreso deseo fue incinerada el mismo día y sus cenizas se trasladan al Castillo de Seeon.

He encontrado este artículo sobre Jack Manahan, todavía sigue siendo admirado en su querida Charlottesville.

http://www.readthehook.com/86004/cover-jack-amp-anna-remembering-czar-charlottesville-eccentrics

Retomando a Anna. ¿No os parece apasionante su vida? Los que la rechazaban lo hacían porque no consideraban que se pareciera a la auténtica o porque simplemente, no podía ser ella. Otro de los motivos es que, al menos al principio, no hablaba ni ruso ni inglés, lenguas que utilizaban los hijos del Zar para hablar habitualmente con su padre y su madre, respectivamente. Tampoco hablaba francés, lengua que también conocían. Solo respondía en alemán. No obstante, encontró seguidores entre aquellos que conocían a los Romanov. Sí que es llamativo que ninguno de ellos hubiera tenido contacto directo o cercano en el tiempo con Anastasia. Incluso una amante de juventud del Zar, vio los ojos de su querido Nicolás en Anna. Aunque claro rondaba los noventa y Anna los sesenta. Muchos se basaron en sus rasgos físicos o en que afirmaba que conocía cosas que solo podía saber Anastasia. Otra de las bazas de Anna era el estudio de sus orejas, que en la época se consideraban determinantes para esclarecer la consanguinidad…

Pero todavía hay más… Increíble ¿verdad?

¿Quién era en realidad Anna Tchaikowsky, Anderson, Manahan?

Cuando aparecieron los primeros cuerpos en Ekaterimburgo, se compararon muestras de ADN del marido de la reina de Inglaterra con tejidos extraídos del intestino de Anna durante una operación en 1979. Sí todo es muy enrevesado, lo es, nadie ha dicho lo contrario. No hubo coincidencias. Sin embargo, sí que las hubo con el ADN que proporcionó un sobrino nieto de Franziska Schanzkowska por lo que así termina el misterio. Franziska debió ser la más inteligente de su familia, de eso no hay duda. Sufrió un accidente en la fábrica de munición donde trabajaba por la explosión de una granada que fue la causante de sus cicatrices y de la muerte de otra persona. Lo que le debió causar un trauma y posiblemente alguno de sus trastornos. Parece ser que sí que existió una relación con los hermanos Tchaikowsky que pudieron contarle detalles de la reclusión y asesinato de los Romanov.

Y después de todo este rollo me gustaría aclarar por qué me he puesto con esto. A buenas horas, llevo anunciando esto desde la primera parte. Desde 1920 hasta su muerte en 1984, esta mujer declaró y luchó porque fuera reconocida su identidad como la legítima Anastasia cuando en realidad no lo era o al menos las pruebas indican que no lo era. Que yo pienso, qué persistencia, ¿no? Quiero decir, que tú te inventas que eres alguien y durante décadas te dicen que no, que no y que no y dejas de insistir ¿no? No te metes en el juicio más largo de la historia de un país. No soportas la presión de recibir críticas y de ser acusada como una impostora durante sesenta años. Aunque haya gente que crea tu mentira. O puede que cuando has aguantado un tiempo afirmando algo aunque sea mentira, ya no hay vuelta atrás. A veces pasa. Tienes que seguir con tu mentira porque la realidad no está tan bien como el universo de fábula que has creado que, a fin de cuentas, te da de comer y muy bien, por otro lado. Y a ver quién dice la verdad después de tanto tiempo… Quizás sigues porque te has metido en un lío de semejante envergadura que no puedes salir. ¿Cómo reniegas de lo que has dicho si encima tienes a gente que te apoya? También es cierto que sus seguidores, en concreto los instigadores de la polémica, avivaron el fuego, utilizando en la mayoría de las ocasiones recursos un tanto oscuros. Criticaron a los que rechazaban a Anna como Anastasia, y por lo que he leído, con campañas de desacreditación bastante indignas. Por ejemplo acusaron a la tía de Anastasia, Olga Alexandrovna, una especie de oveja negra de la familia imperial, de negar que su sobrina estuviera viva para quedarse con la fortuna familiar. Lo triste del caso es que la tía en verdad quería a su sobrina y deseaba que hubiera sido cierto que la joven estuviera viva. La buena mujer murió pobre y rechazó a Anna desde la pena que le daba que fuera una persona enferma.

Lo que se considera oficialmente y mi humilde opinión coinciden, curiosamente. Anna Anderson estaba loca. Y es lo que me fascina a la vez. Creo que en realidad ella creía que sí que era la Gran Duquesa Anastasia, aunque al principio afirmara que era Tatiana. Es lo que tiene la identidad confusa, que a veces te haces un lío y más con una familia real tan extensa. No creo que se tratara de una impostora. Que su círculo de admiradores lo fueran y supieran que ella no era la real Anastasia es otro tema. Pero ello no, era una enferma no tan enferma y bastante inteligente a mi modo de ver. Como un cencerro, sí, pero lista. Porque una persona que miente también se cansa de mentir y más de sesenta años mintiendo ni os cuento. Por eso pienso que ella de veras lo creía y lo mantuvo hasta la muerte porque se sentía Anastasia Romanov. Tratándose de una obrera polaca con cierta enfermedad mental, su vida se convirtió en una gran aventura. Consiguió moverse en los círculos más selectos de la época, se codeó con la aristocracia en una Europa revuelta, vivió del cuento toda su vida y tuvo en vilo a la opinión pública durante décadas e incluso a día de hoy la tiene.

Si trasladáramos los mismos hechos a la actualidad, cualquier aspirante al trono de Rusia sería fulminado en Sálvame, o desacreditado en cualquier red social y desaparecería en el mismo momento de decir: Yo soy Anastasia Romanov. Sin embargo, la estela de Anna Anderson sigue. Continúa teniendo seguidores que obvian las pruebas y que afirman que era la auténtica princesa porque su abuela la reconoció, por ejemplo, hecho que no ocurrió. Se especula, qué digo
especular, se confirman cientos de conspiraciones para ocultar la verdad y el legado de Anna Anderson se mantiene vivo.

Y también tiene un rastro de personas que insisten en demostrar la falsedad de la historia. Mirad, esta página es superinteresante. Muy densa, muy muy densa. Y poco visual también. Al creador le ha tenido que costar mucho esfuerzo reunir tamaña cantidad de datos, y me parece un trabajo admirable, innecesario, pero admirable en cuanto a la dedicación. Es muy friki también porque aporta todo tipo de detalles del caso Anastasia. La he disfrutado bastante, pero reconozco
que es muy pesada.

Si buscáis por ahí, fliparéis con la cantidad de gente que afirma que era Anastasia. He encontrado por ahí al hijo desconocido de Anna Anderson que fue adoptado en España y que afirma que está luchando por su herencia en los tribunales españoles. Otros afirman que era ella porque tenía las mismas cicatrices y estas cosas de cuentos que  no llevan a mucho.

Los años no han hecho que la leyenda desaparezca, al contrario. La gente desea que el cuento de princesas sea real. Ni con ADN ni con nada. Es más, si uno se deja llevar por el romanticismo de la historia, se ve una peli o lee algunos foros, puede llegar a creérselo. ¿Por qué será? Me pregunto y esta no es una pregunta retórica. ¿Por qué la gente desea creer que esta mujer era quien decía que era? Si ni nos va ni nos viene.

Información infinita la que podéis encontrar sobre el tema. Páginas a favor y en contra, libros y libros… Películas hay varias. Incluso Disney se atrevió con el tema que no sé en qué estaban pensando sus creadores cuando la hicieron. Pero, bueno, Disney es Disney y aparte de ciertos aspectos muy criticables, a veces no se dejan asesorar bien, véase Ratatouille.

En conclusión, la historia de Anna Anderson lo tiene todo: culebrón, misterio, cuento de hadas, thriller, tragedia. Imposible no engancharse.

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